Femidisidente III: Mujeres que no aman

Hay algo que me rechina en esta huelga de mujeres que los colectivos feministas proponen.

No es el extraño contrasentido de hacer una huelga contra la violencia de género y la opresión del heteropatriarcado en una fecha en la que se festeja que las mujeres estemos en el mercado laboral, Día de la mujer trabajadora creo que se llama, y que han transformado en el monotema que da dinero.

No es el extraño encaje de una huelga “de mujeres” en una legislación que concibe la huelga como la forma legal de exigir mejoras laborales por parte de los trabajadores de los diversos sectores o empresas. Extraño encaje no, encaje imposible que ya están los sindicatos, antes de clase, ahora de género, resolviendo mediante trucos de prestidigitador y trampas de trileros. Y para intentar dar una pátina de reivindicación laboral, los medios están sacando el espantajo de la brecha salarial, porque aquí no se da puntada sin hilo,  mito que no se sostiene ni con andamiaje y que cualquiera desmonta con unos cuantos datos y la propia realidad.

Aunque lo cierto es que todo esto ya está inventado. Hace tiempo que los colectivos y pseudosindicatos  marxistoides, en los que el fin justifica los medios, hacen huelgas con otros objetivos. Las huelgas generales, por ejemplo, no son laborales, sino políticas y con la finalidad de desgastar a un gobierno y, si se tercia, destrozar un país, por lo que, en esa amplia concepción de la huelga como instrumento para hacer la guerra sucia, ya se verá la forma de meter una huelga de género.

También tenemos el precedente de las huelgas estudiantiles, la quintaesencia de la estupidez y la manipulación por dos razones: a los huelguistas se les convence con gran facilidad para la causa, la que sea, ya que no se les descuenta ningún sueldo y, dado el nivel de irresponsabilidad de muchos de ellos, lo de perder clase es otro incentivo. Si a eso se añade la presión sobre el profesor que, si ese día hay programado un examen y lo quiere mantener, se puede preparar el muy facha… lo de hacer huelga es algo así como el inexplicable premio de la semana blanca: día de fiesta porque sí. Y si en los alumnos mayores de edad la manipulación de ofrecer fiesta a cambio de nada es, si no aceptable, al menos asumible por su situación de supuesta madurez, en el caso de los menores es, como últimamente se está poniendo de moda, una utilización amoral para fines partidistas de quienes debieran ser protegidos, no utilizados por todo tipo de aprovechados, como estos sindicatos.

Volviendo a la huelga de mujeres…sí, me rechina algo, tres cosas que me alejan de cualquier tentación de secundarla: una, que se erijan en representantes de todas las mujeres del mundo mundial, aunque eso es lo habitual y debo, si no acostumbrarme, al menos asumir que los poderes públicos se lo creen.

La segunda, que se vanaglorien de que pueden parar el mundo puesto que seriamos la mitad de la población en huelga y eso es prueba de que somos indispensables. Y la verdad es que no me parece muy digno de orgullo. Me parece una soberbia sin base. Cualquier colectivo que sea la mitad de la población puede parar un país y es indispensable. Si todos los hombres hacen huelga, pasaría algo parecido a lo que mis autonombradas representantes quieren que suceda.

La tercera cosa es que lo que proponen en esta huelga no es sólo dejar de trabajar, sino dejar de cuidar a los seres queridos que dependen de nosotras. Dejar de atender a nuestros hijos y a nuestros padres. Dejar de amar, en definitiva. Porque para ellas, amar es un trabajo, algo a lo que puedes y debes renunciar. Y en especial, si es para luchar contra un enemigo imaginario en una sociedad que les permite todo y de la que las mujeres son, somos, miembros privilegiados.

Y es que estas mujeres que no aman según la acertada definición de la profesora María Calvo, viven en un mundo donde no hay gestos gratuitos, ni altruismo, donde se ha perdido la capacidad de disfrutar haciendo el bien, donde el afecto a un hijo se torna esfuerzo, la atención a un padre en obligación mal pagada. El cariño, para estas mujeres, es una inversión que da pérdidas. Y dicen que quieren cambiar el mundo a mejor.

Su propuesta es que abandonemos lealtades y afectos personales por una lealtad sin afecto y sin razón,  una servidumbre ciega y tribal al mafioso grupo. La llamada sororidad.

En el feminismo, como en la mafia, no existe el amor, solo la revancha sin fundamento hacia quienes nos dan sentido a cuanto hacemos: nuestros seres queridos. Por eso me desmarco de una huelga, no solo ilegal, fuera de lugar y ridícula en planteamiento y exigencias, sino cruel e inhumana en el fondo.

Mientras, estas mujeres que no aman, educan y adoctrinan, pagadas con dinero público y amparadas en legislaciones inicuas, a nuestras hijas. Y nadie hace nada. Algunos aplauden sin haber entendido el guión.

Bienvenidos a la sociedad homomatriarcal de mujeres que no aman. Sociedad sin futuro. Fin de trayecto.

Alicia V. Rubio Calle

8 comentarios en “Femidisidente III: Mujeres que no aman

  1. jose ramon. dijo:

    Hola, me acabo de enterar del valiente gesto del Ateneo de Santander en favor de la libertad. Tan solo queria darle las gracias por todo lo que esta haciendo. Como dijo el personaje de una pelicula, lo que hacemos en esta vida tiene su eco en la eternidad.

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